lunes, 14 de julio de 2008

Nadie lo dijo






[...]


Ahora sabes que todo merece la pena. La larga travesía por ese
mundo de méritos numéricos y ausencia de reconocimiento, donde
te viste obligada a arrastrar contigo al niño de papá, al tonto del haba,
al inútil carne de matadero, con tal de llevar a buen término el trabajo para
el que te bastabas en solitario. Has crecido y sabes que las oportunidades
no estaban en los otros, sino en ti. [...]


Mírate ahora. Qué lejos estás de tanto borrego y tanto buey. Entras en la
edad adulta sin que nadie pueda imponerte una sonrisa falsa cuando el mundo y su
estupidez, su envidia, su mezquindad, te hagan fruncir el ceño.

Ahora tienes la certeza de que no te equivocaste, y de que la niña callada en el banco del fondo
puede ser vengada por la mujer que hoy la recuerda. Sabes ya que puedes ser
feliz a tu manera y no a la de otros, con tus libros, con tus películas, con tu familia,
con esos amigos que no sabes cuánto tiempo van a durar y por eso aprecias tanto,
con la mirada serena que ahora posas a tu alrededor, en la calle, en el trabajo, en
la vida. En la muerte. Ahora sabes que la virtud, en el más hondo sentido de la
palabra, está en ese aguante de tantos años, cuando cerca estuvieron de convertirte
en otra. Comprendes al fin que los malos profesores son un accidente sin demasiada
importancia, pues eres tú quien aprende; y la vida, incluso con sus insultos, con sus
malvados, con sus tragedias, con sus reglas implacables, la que te enseña. Nadie dijo
que fuera fácil.


[...]


Que no te equivocaste al amar al conde de Montecristo y al Gabriel Araceli de Galdós, al buscar el secreto genial de un soneto de Borges o Quevedo, al transitar, jugándotela, por los senderos sin carteles luminosos en los pasillos oscuros de la Historia. Al hacer de cada esfuerzo, de cada miedo, de cada desengaño, de cada ilusión y de cada libro, un martillo con el que picar los muros
espesos que te rodean.


Y si algún día tienes hijos, intenta que sean como tú. Como esos tipos flacos de
los que hablaba Julio César, a la manera de Casio: gente de dormir inquieto,
peligrosa y viva. La que quita el sueño a los apoltronados y a los imbéciles.


[Arturo Pérez Reverte - Nadie dijo que fuera fácil]










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Nadie dijo que fuera fácil tampoco, romper con todo... Olvidar lo que un día fue costumbre. Enfrentarse a la rutina...renunciar a la facilidad de descolgar una llamada que hasta ahora siempre había encontrado respuesta... Nadie dijo que fuera fácil hacer borrón y cuenta nueva.
De momento... no es "facilidad" lo que busco, eso lo tengo claro.




Mucha lluvia!!!. A ver si repite prontito. :)

Mañana de compras y abanicos... He conseguido uno de tela y madera sin barnizar... Será el primero que pinte, a ver qué tal sale el experimento, ;)

1 comentario:

Rocío dijo...

Nadie dijo que fuera fácil, pero el esfuerzo te será recompensado...
El pasado tiene que pasar y siempre queda en el recuerdo... pero se puede vivir sin hacer de él un presente agobiante y sin sentido de realidad.

Por cierto, no me has llamado :( ¿Has encontrado el vestido? ;)