
¿Regalo de Reyes? :), maybe...
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En casa :)
Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y de la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.



Abelardo nació en 1079. Era un joven apuesto e inteligente, dedicado a la filosofía. Llega a París y conquista rápidamente una brillante reputación.
Abelardo murió en la abadía de San Marcelo, en Chalons-sur-Saone, el 21 de abril de 1142. Eloísa, reclamó su cuerpo.
Elosía murió en 1163.
En 1808 los restos de ambos amantes fueron depositados juntos en el Museo de monumentos franceses de París.
Finalmente, en 1817, ambos fueron depositados en una misma tumba, en el cementerio del Pere Lachaise, de la misma capital.
Abelardo y Eloisa, nunca dejaron de amarse apasionadamente y de pensar el uno en el otro. No pudieron morir juntos, pero protagonizaron la terrible desdicha de un amor imposible que si bien no les dio la felicidad de vivir uno cerca del otro, si les dio la de haberse sabido amados.
Él le dijo “vámonos”
“¿dónde?” le respondió llorando ella.
Lejos del altar mayor
en el velero pobretón de una botella...


El olor a café por las mañanas. Las mantas del sofá por las noches. Los abrazos. Los guisos de mi abuela. El olor a salitre. Los calcetines de rayas. Andar descalza por la playa. Las velas de los barcos. Que sonrías. Una ducha muy caliente. El olor a suavizante de la ropa. Las fotos que hay en mi pared. Pintar. La colonia nenuco. No maquillarme. Los besos. Pasear. Las sandalias bajitas. Los vaqueros muy usados. Los atardeceres. Abrazarte. Que me abraces. Perder algo y encontrarlo. El zlotie que aparece siempre en el fondo del bolso. Vivir y dejar vivir. Las conversaciones mientras amanece. Las margaritas. El limón en la sopa. Oler un jazmín. El viento en la cara. Saltar en los charcos. El verde. Tumbarme en la cama después de un día duro y escuchar a Sabina mirando el techo de mi habitación.
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Mide unos 13-15,5 cm. Se le distingue por su mancha blanca en el obispillo (encima de la cola).Es bastante sociable, y muchos nidos se hacen en contacto; pone de 4 a 5 huevos blancos en junio; segundas y terceras puestas son comunes.
No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre faltaría el pájaro en silencio.
No existen métodos para tocar el cielo
pero aunque te estiraras como una palma
y lograras rozarlo en tus delirios
y supieras al fin cómo es al tacto
siempre te faltaría la nube de algodón.
No existe un puente para cruzar el cielo
pero aunque consiguieras llegar a la otra orilla
a fuerza de memoria y pronósticos
y comprobaras que no es tan difícil
siempre te faltaría el pino del crepúsculo.