
Vivió entre el 502 y 548 de nuestra era.
Pasó de ser una prostituta a la más poderosa y famosa emperatriz de Bizancio.
Prostituta como sus dos hermanas, todas ellas hijas de un cirquero de uno
de los barrios más pobres de Constantinopla. No había mucho más
donde elegir.
Teodora consiguió hacerse un hueco dentro de la prostitución a base de
“orgías y bacanales”. Hasta que se trasladó a Alejandría. Allí conoció a un
hombre de iglesia llamado Severo, que la introdujo en la doctrina monofisista.
Aprovechó para aprender muchas cosas porque Severo era un sabio, y ella
tenía una inteligencia natural excepcional.
Y ahí empezó a cambiar su vida. Después de conocerle, Teodora convivía
con sus antiguas amigas en el burdel que también había sido de ella, pero
empezó a trabajar en una hilandería. En esas estaba cuando ocurrió lo
impensable: Justiniano, hombre de ‘mil amantes, y amigo de todos los
placeres, compendio fiel del bizantino de su época, se enamoró de la prostituta
a la que decenas y decenas de hombres habían poseído’. Además de bellísima era
inteligente, valerosa y tenaz.
Teodora no se limitó jamás a ser una bella estatua en recepciones sino que
fue la mejor consejera del emperador; fue una genuina reformista social y dejó
una huella imborrable en la Historia en solo 45 años, la edad que tenía cuando
murió.
Por su directa intervención, derogaron -para siempre- la ley que impedía la
unión entre artistas y prostitutas con los hombres que libremente desearan
desposarlas.
Teodora logró que por ley los hijos e hijas, legítimos o ilegítimos,
tuvieran los mismos derechos, incluso ante la herencia (igualdad que se ha logrado en la
mayoría de los países durante el siglo XX).
Impulsó leyes para que las mujeres pudieran ser propietarias y heredar sumas
de dinero o propiedades y además mejoró el sistema de atención a la salud
femenina.
Inspiradas en ella aparecieron leyes que defendían la igualdad de la
mujer, el derecho al divorcio, la prohibición de castigos por adulterio, la
imposición de penas para los violadores, la posibilidad de abortar… y todo esto
hace nada menos que 1.500 años.
Nunca, nunca olvidó la situación de las mujeres que ejercían la prostitución;
Ella conocía de primera mano el sufrimiento que conlleva esa vida. No paró
de intentar erradicarla; logró que se incluyera la persecución del proxenetismo
(antes protegido por la ley) y la definición de la prostitución como "un agravio a
la dignidad de las mujeres". Además, se encargó de crear planes de rescate
para jóvenes que habían sido prostitutas, rehabilitándolas para otros oficios. Y
a las que elegían casarse, se encargaba personalmente de concederles una
generosa dote.
Todo esto hace más de 1.500 años.
Sin embargo, el peso del estigma de la prostitución es tan grande, que 1.500
años después, se puede encontrar esta representación de Teodora.
[adapt. de un texto de N.Parrón]
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Leyendo para redactar la tesis... me encuentro con cosas, como ésta...




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