domingo, 20 de junio de 2010

MZN






Despertarme tapada hasta el cuello en pleno mes de junio. El escándalo que montan las ranas. Los paseos. Las pizzas del Acapulco. Radio Cinca. Sabina sonando en la clínica. La gente que se enamora de mi perro. La alfombra redonda de mi habitación.Mi carrito de la compra. Que todo el mundo opine que hablo raro. La clamor en mi buzón. Los no-botones del ascensor. Vivir con Piwo. Trabajar a 5 minutos de casa. Mis zuecos lilas. Subirme la mascarilla cuando me entra la risa confiando en que eso la silenciará. Las notitas. La tarta de queso. No distinguir entre bachata y merengue. Los juguetes que aparecen al mover el sofá. Que me imites. Los desayunos. La maravillosa casualidad de haberte conocido...




















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7 meses después.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Todo ha sido una casualidad;
yo también viví bajo aquel castillo,
al lado de los campos amarillos
que el Cinca se encargaba de regar.

Y acudía al colegio Joaquín Costa
de la mano de mi madre al cruzar;
y aunque allí no comprendí lo de amar,
allí aprendí a llorar casi a posta.

Viví en la calle Jaime I,
en un pequeño y humilde agujero
que mis padres podían permitirse.

Esa tierra ha sido mi raíz,
ha sido mi biberón, mi matriz.
Y aún hoy, recuerdo lo que costó irse.